¿Obesidad Asesino Silente?

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Para el 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 años o más tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos. Parece dramático iniciar este escrito con cifras tan alarmantes, pero es la preocupante realidad que nos arropa y que no muestra una tendencia favorable, si no más bien a continuar in crescendo.

¿En realidad es la obesidad tan peligrosa, que pueda llegar a considerarse un asesino silente? Solo basta con hojear estudios científicos y literatura para acercarnos a la respuesta.

El sobrepeso y la obesidad es, por definición de la OMS un acúmulo anormal o excesivo de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Siendo esto, no un simple tejido adiposo inerte e inofensivo, sino más bien actuando como un órgano endocrino enfermo con liberación de citoquinas proinflamatorias, responsables de trastornos metabólicos en el obeso, que pueden perpetuarse en el tiempo de no haber una intervención terapéutica oportuna, disminuyendo su calidad y expectativa de vida.

La obesidad tiene implicaciones prácticamente en todos los órganos y sistemas, desde los más conocidos y asociados desde siempre, como el sistema cardiovascular y el incremento en el riesgo de cardiopatías, hipertensión, accidentes cerebrovasculares. En el aparato locomotor con la predisposición a artritis y enfermedades degenerativas.  También en la aparición de cánceres, principalmente endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon. También la innegable y cada vez más fuerte relación con la diabetes tipo 2, determinando así la obesidad y especialmente la obesidad abdominal un importante predictor de riesgo cardiovascular y metabólico. Si consideramos que las patologías antes mencionadas lideran las tasas de muertes anuales, no es difícil deducir la inferencia de la obesidad como causa de muerte.

Insulinorresistencia, síndrome metabólico, alteración en el perfil lipídico es común encontrarlo día a día en las consultas y programas de seguimiento a pacientes con sobrepeso y obesidad.

Sin embargo, existen asociaciones menos obvias, pero bien documentadas a través de artículos publicados en revistas especializadas, como la relación obesidad y Alzheimer, expuesta en el Journal of Alzheimer Disease, donde sugiere la implicación del sobrepeso y la obesidad en la aparición de dicha enfermedad, basados en su efecto en la elevación plasmática de Beta amiloide, proteínas involucradas en la inflamación, la enfermedad cardiovascular y la diabetes tipo 2, que a su vez son también factores de riesgo para enfermedad de Alzheimer. Las investigaciones continúan con el objetivo de fortalecer la evidencia y determinar protocolos de intervención.

La piel, el sistema gastrointestinal, los riñones, la función respiratoria, el aparato reproductor tanto femenino como masculino, el balance hormonal, el sistema inmune, la salud mental y emocional, pueden verse afectados a consecuencia de los efectos de la obesidad, es por esto, que el abordaje a estos pacientes debe ser integral y multidisciplinar para lograr resultados efectivos y sostenidos.

Su origen multifactorial obliga a pensar en un manejo de la misma índole, aunque todos los organismos involucrados en su estudio y que se encuentran desarrollando programas y protocolos de atención coinciden en que los dos pilares del tratamiento son la alimentación saludable y el fomento de la actividad física. Cambio de estilo de vida basados en estas dos acciones son las que han demostrado mayor efectividad y sostenibilidad sobre tratamientos medicamentosos o de otro tipo.

Es papel del personal de salud, a todos los niveles identificar los pacientes en riesgo e implementar medidas preventivas, motivando y estimulando a cambios en sus hábitos alimentarios y en el sedentarismo.

Aquellos pacientes con sobrepeso y obesidad que aún no presentan manifestaciones clínicas aparentes de complicaciones derivadas de su condición también son blancos perfectos para implementar dichas medidas preventivas. Una vez son encontradas morbilidades propias del exceso de peso, igual se benefician del cambio de estilo de vida, pero ameritan de forma concomitante atención por un equipo más amplio de profesionales que garanticen una mejora integral en la calidad de vida del paciente, por lo que la derivación al servicio de diferentes subespecialidades será necesario en estos casos.

Prevención y motivación a una vida más activa y a comidas saludables, son la clave para revertir la tendencia al alta en las preocupantes cifras en esta epidemia. Todos podemos aportar y ser porta voces de un mensaje que motiva a una vida sana.

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